RWI in den Medien

El fin de una era

Alemania cierra sus últimas minas de carbón, cuna de su revolución industrial y germen de la UE

La Vanguardia, 22.12.2018

Los mineros del Ruhr pronuncian sus últimos “Glück auf, Kumpel” (suerte para subir, camarada), la salutación que desde hace 150 años, durante seis generaciones, ha sido la frase ritual antes de bajar a las minas de carbón, donde el peligro siempre acecha.

Los mineros del Ruhr pronunciaron ayer sus últimos “Glück auf, Kumpel”. Suerte para subir, camarada. Durante 150 años, seis generaciones de mineros, fue la frase ritual antes de entrar en la mina de carbón, donde el peligro siempre acechaba. “Glück auf!”, gritan los hinchas del Schalke 04, el club de fútbol de la ciudad minera de Gelsenkirchen. “Glück auf!”, saludan los políticos socialdemócratas de la región en mítines y asambleas.

“Glück auf”, dijeron ayer, al borde de las lágrimas, los siete mineros que subieron por última vez de Prosper-Haniel, en la ciudad de Bottrop, la última mina de hulla que quedaba abierta en la cuenca industrial del Ruhr, en el oeste de Alemania. Con los cascos blancos y sus rostros manchados por el polvo negro del carbón, entregaron al presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, el último bloque de oro negro, extraído a unos mil metros de profundidad.

“Es más que un bloque de carbón, es un trozo de historia”, declaró Steinmeier ante unos 500 invitados, entre ellos el presidente de la Comisión Europea, Jean- Alemania cierra sus últimas minas de carbón, cuna de su revolución industrial y germen de la UE Claude Juncker, en una solemne ceremonia retransmitida por la televisión. La coral carbonera del Ruhr puso el broche cantando el Steigerlied ,el himno minero. Iglesias y catedrales de la región dedicaron misas a la despedida.

“Hace decenios que el carbón alemán dejó de ser competitivo en los mercados internacionales y todos sabíamos que el día en que la última mina cerraría iba a producirse tarde o temprano. Pero igualmente es una día muy simbólico”, señala Uwe Neumann, economista del instituto Leibniz para la Investigación Económica (RWI), en Essen.

El cierre de las dos últimas minas de carbón –la de Bottrop y otra, de antracita, que cerrará en los próximos días– simboliza el fin de una era no sólo para la cuenca del Ruhr, situada en el land de Renania del Norte-Westfalia, sino para toda Alemania e incluso para Europa.

El carbón del Ruhr fue el motor de la industrialización alemana en el siglo XIX y también de la milagrosa reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. De aquí salió el acero que armó al ejército alemán durante las contiendas. También hay que buscar aquí el embrión de la UE: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero nació en 1951, con la participación de Alemania, Francia, Italia y el Benelux, para poner en común su producción. La del Ruhr era la región más rica del país y la primera región industrial europea del carbón, el hierro y el acero.

Todo eso quedó atrás hace décadas. El declive de la minería comenzó en los años cincuenta, con la llegada de nuevas fuentes de energía más baratas como el petróleo. Más tarde, fue el carbón extranjero el que daría la puntilla a la industria, que llegó a emplear a 500.000 mineros en su apogeo. El destino de las últimas minas quedó sellado en el 2007 cuando el Gobierno decidió suprimir las subvenciones que mantenían al sector con vida y fijó un calendario de extinción, con el 2018 como fecha final.

Si fabricar una tonelada de hulla alemana cuesta unos 250 euros, en los mercados internacionales la tonelada se vende a 80 euros, según los cálculos de RAG, el grupo encargado de sellar la mina de Prosper-Haniel.

“Hay quien sostiene que todos los subsidios destinados a mantener con vida esta industria obsoleta deberían haberse invertido en infraestructuras o en la reconversión económica. Sin embargo, las ayudas han permitido un cierre gradual que ha ahorrado mucha adversidad a la región. No ha sido, ni de lejos, tan traumático como el cierre de las minas en el norte de Inglaterra con Margaret Thatcher”, señala Neumann.

Como otras regiones europeas que se enfrentan a la desindustrialización, la cuenca del Ruhr intenta reinventarse, con resultados por ahora modestos. Entre los éxitos, la fuerte inversión hecha en educación, en una región que hasta los años 60 no tuvo ninguna universidad, porque no se necesitaban estudios para tener un trabajo seguro en las minas. “Hoy en cambio las universidades del Ruhr ofrecen todo tipo de estudios y retienen no sólo a los jóvenes de la zona sino que atraen a estudiantes de toda Alemania”, dice el economista de RWI. Otras iniciativas han sido la rehabilitación de los viejos complejos industriales, convertidos en museos o parques. Es el caso de la gran mina de Essen, Zollverein, hoy un museo industrial patrimonio de la Unesco.

Sin embargo, quedan muchos desafíos, señala Neumann. El paro sigue siendo más elevado que la media alemana y preocupa particularmente el desempleo de larga duración, de gente sin estudios que ha quedado fuera del mercado al caer la industria. Muchos de los 53 municipios del Ruhr están hasta el cuello de deudas. Y la región no ha logrado que emerjan industrias innovadoras. “Aunque se trata de una gran región metropolitana, Berlín o el sur de Alemania son mucho más populares con las start-ups”, dice. Neumann cree que el cierre de las fábricas de Opel y Nokia, hace unos diez años, fue un mazazo peor que el cierre de las minas. “Había muchas esperanzas depositadas. Nokia especialmente se veía como una industria muy moderna y su cierre tuvo un impacto psicológico mucho mayor”.

“Es más que un bloque de carbón, es un trozo de historia”, dice el presidente en una ceremonia televisada Los subsidios han permitido un cierre gradual que ha evitado el trauma de Inglaterra con Thatcher.

Hoch